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© 2017 by Amelia Muñoz Diseñadora Paisajista

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Jardines Terapéuticos

RESUMEN

Siempre se piensa en el jardín como un lugar puramente lúdico, como puede ser un parque o el simple jardín de una habitación. Muy pocas veces se piensa en el poder de sanación que pueden tener las plantas ornamentales, que efecto tienen dentro de una estructura sanitaria? Desde los años 80 se vienen estudiando los efectos que producen en los enfermos y se ha demostrado científicamente los resultados positivos que se obtienen. Su uso se hace cada día más indispensable para bajar los costes y días de permanencia de los pacientes en los hospitales, y mejorar la calidad de vida de los enfermos en estructuras donde necesitan de cuidados a largo plazo.

Los elementos fundamentales con los que un paisajista puede contar y debería tener en consideración para realizar un buen proyecto son el tema de este artículo.

Palabras clave

Jardines terapéuticos, horticultura, jardines restaurativos, jardines de rehabilitación, jardines rituales, espacios contemplativos, reducción del estrés.


Por Cinzia Mulé




INTRODUCCIÓN

De qué manera se puede definir un ‘Jardín Terapéutico’ es lo que trataré de explicar en este breve artículo, desde su definición, una breve visión a través de la historia, los beneficios que genera y sobre todo cuales son los elementos fundamentales con los que un paisajista puede contar y debe tener en consideración para la realización de su diseño.

La más simple definición es la de un espacio exterior diseñado para que las necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales de las personas internadas en una estructura sanitaria, las ayude a mantener contacto con la realidad y proporcione bienestar psicofísico a los usuarios, por lo tanto, pacientes, visitantes y personal sanitario.

Una definición un poco más compleja es la que nos da Clare Cooper Marcus, en la que presenta al jardín terapéutico ‘no como un lugar sino como un concepto’, es decir el resultado de una comunión entre el paisajista y el médico.

ENFOQUE HISTÓRICO

Entre los años 1950 a 1990 se pierde completamente el concepto del valor terapéutico de la naturaleza en la mayor parte de los hospitales occidentales. Predomina el ‘internacional style’, con la construcción de edificios hospitales semejantes a torres de oficinas, con ventilación e iluminación artificial en los dormitorios, donde no existe el contacto con el exterior, incluso en las salas de espera. Donde los espacios exteriores son de uso exclusivo para las maquinarias o dedicados a estacionamientos. La ‘productividad’ de la institución está basada en la ganancia y eficiencia en muchos casos, perdiendo la empatía con el paciente. Ya no se trata de dar un servicio a la comunidad, son y funcionan como empresas en donde la ganancia tiene prioridad.

Sin embargo, en los siglos pasados y hasta antes de 1950, los jardines en los hospitales fueron considerados fundamentales en la recuperación del enfermo. Que pudiese disfrutar del buen aire, del sol y de las propiedades de sanación de algunas plantas siempre fueron elementos importantes.

En la Edad Media los claustros de los monasterios, que en muchos casos eran hospitales, brindaban un lugar seguro, a escala humana. El paciente podía descansar en el pórtico al cubierto, en el patio-jardín donde muchas veces había árboles y ampararse bajo su sombra si fuese necesario, caminar por los senderos, sentarse en el césped y bancas.

Lo describe San Bernardo (1090-1153), haciendo referencia a sus pacientes en el Hospice de Clairvaux en Francia, relatando los beneficios que gozan al permanecer al aire libre, estimulando los cinco sentidos y reconfortando a las personas enfermas o inválidas.

El concepto de estos jardines meditativos y regeneradores se pierde con la decadencia de los hospitales-monasterios en los siglos XIV y XV. La sanidad queda básicamente en manos de la autoridad eclesiástica y la mayor preocupación era la de construir grandes salas desde donde todos los pacientes pudiesen seguir la misa. Como, por ejemplo, el Ospedale Maggiore di Milano que tenía una planta a cruz como una iglesia y en los dormitorios las ventanas eran altas y los enfermos no podían ver el jardín.

Sin embargo, en muchos hospitales la tradición del patio no se perdió. Como por ejemplo, en Les Invalides de Paris, además, en muchos hospitales ingleses, en Marsella, Pisa, Constantinopolis, Trieste, Viena y Florencia.

Hay que llegar a los siglos XVII y XVIII cuando se vuelve a tener en cuenta la importancia de la higiene, el aire fresco y la ventilación cruzada, para que se vuelva a considerar la importancia del espacio exterior como curativo.

Es Roger Ulrich, (1984) uno de los primeros estudiosos sobre la importancia de las áreas verdes en los sanatorios, que menciona en su obra a Christian Cay Lorenz Hirschfeld, teórico alemán experto horticultor del siglo XVIII, que describe los beneficios que gozan las personas internadas al entrar en contacto con la naturaleza:


El hospital tiene que ser abierto, no encajado entre altas paredes. El jardín tiene que estar directamente conectado con el hospital o al límite muy cerca de él. Porque la vista de las flores y los escenarios alegres vigorizan al paciente, la vista del jardín los alienta a querer caminar....además el césped debe tener senderos secos con sillas y bancas.....El jardín de un hospital debe tener todo lo necesario que incentive una vida saludable. Te debe ayudar a olvidar la debilidad y las preocupaciones y fomentar una actitud positiva....Los espacios tienen que tener césped y matas de flores.... Pequeños y ruidosos arroyos que corran entre matas de flores y las ruidosas cascadas entre arbustos llegar a nuestros oídos. Haciendo grupo con muchas plantas para fortalecer los aromas. El canto de los pájaros que encuentran reparo en los árboles alentarnos con su canto regocijando nuestro corazón. (Cooper, 1995, p. 8)

Todos conocen las importantes reformas que se realizaron en los hospitales ingleses en el

siglo XIX gracias a Florence Nightingale (18201910), gran defensora de la higiene, la primera en usar un método científico y estadístico en la atención de los pacientes y en crear las bases para lo que sería la moderna enfermería. Para ella, eran fundamentales el aire libre, los jardines con flores, los dormitorios bien aireados e iluminados y las cabeceras de las camas cerca de las ventanas.

A fines del siglo XIX e inicios del XX, nacen los sanatorios para curar la tuberculosis y las camas con ruedas que permiten trasladar a los pacientes cerca de los jardines y pórticos, de manera que pudiesen tomar sol y aire puro.

Otro tipo de estructura sanitaria que desde el siglo XVIII y XIX hace uso del espacio exterior son los sanatorios de enfermos mentales en los cuales en muchos casos se comienza a usar la jardinería y agricultura dentro de sus regímenes de terapia..

Con el avanzar de la medicina y el descubrimiento de los antibióticos, la importancia del contacto con la naturaleza comienza a perder su trascendencia. Se mantiene prevalentemente en estructuras que tratan a pacientes crónicos, o en aquellos que necesitan cuidados a largo plazo o en tratamiento psiquiátrico. La horticultura comienza a usarse como terapia para la recuperación de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial.

Solo después de 1990, en Estados Unidos de América gracias al movimiento Patient Centered Care las administraciones se dan cuenta de lo negativo que son los ambientes institucionales. Se cambia de ruta y en un afán, diríamos competitivo, se comienza a pensar más en las necesidades de los pacientes, por lo cual se construyen edificios y entornos más acogedores y familiares.

Desde el año 2000, con la nueva reforma sanitaria en USA, se ha comenzado a medir el proceso de una administración a través del tiempo que el paciente permanece en el hospital (cuanto menor es el tiempo, es mejor) y la eficiencia del servicio. En consecuencia a partir de los estudios que comenzó Roger Ulrich en 1984, los realizados por Clare Cooper Marcus (1995) y Adrian Burton que publica los resultados de su investigación en “The Lancet Neurology”(2014), entre otros, se podría decir que son casi 30 años que se estudia e investiga sobre los efectos y beneficios de los jardines terapéuticos construidos en estos años o simplemente los efectos que las áreas verdes ofrecen a los pacientes de los hospitales, hospicios, casas de cura o cualquier otra institución donde haya una patología física o psíquica que sanar.


BENEFICIOS

Como bien dice Clare Cooper Marcus, “un jardín no puede sanar una pierna rota o un cáncer” (Cooper, 2007, p. 4 ) o como dice Stephen Mitrione “un jardín terapéutico puede proporcionar alivio de la angustia psicológica causada por una enfermedad, pero no curar la misma” (Burton: 2014, p. 447–448)

Es decir está comprobado que puede:

- reducir el estrés ayudando al cuerpo a encontrar su proprio equilibrio;

- reducir el dolor; - reducir la depresión, especialmente si incentiva el movimiento; - mejorar la calidad de vida en los enfermos crónicos o terminales; - ayudar al paciente a evocar sus propios recursos de sanación; - ayudar al paciente a aceptar su condición de incurable; - crear un ambiente adecuado donde el paciente pueda realizar terapias físicas, horticulturales, etc.; - ser un espacio donde el personal pueda descansar en sus pausas laborales y desestresarse, con un aumento en la producción y la calidad del servicio; - disminuir el costo en algunas categorías de hospitalizados, reduciendo el tiempo de hospitalización y el uso de analgésico; - ser un espacio donde se puedan reunir o encontrar los pacientes con sus familiares en un ambiente menos institucional que un hospital.

El principal cambio que denotan las personas después de haber transcurrido un tiempo en un jardín es el cambio de humor, relajamiento y sentimiento de serenidad. Ulrich fue el primero en realizar estudios relacionados a la visión de paisajes relajantes. Al principio consistieron simplemente en sustituir cuadros, paneles o fotos en las salas de espera, consultorios o dormitorios con imagines de paisajes naturales y relajantes, pasando con el poner plantas naturales en espacios comunes, en terrazas, en balcones, creando visuales panorámicas hacia el exterior hasta llegar a patios y jardines.

Ulrich en su primer estudio en 1984 trata sobre la relación del tiempo de hospitalización, el uso de analgésicos y la posibilidad de ver la naturaleza a través de una ventana del hospital en pacientes de un departamento de cirugía. Todas las investigaciones han sido documentadas durante los años 1981 hasta el 1992, seguidas por Hartig entre el 1991 al 1996 y en paralelo con las de Clare Marcus y Barnes en 1994. Estos últimos son los primeros en hacer un estudio sistemático en cuatro jardines de hospitales ubicados en la bahía de San Francisco.

En Italia a partir del 1998 hasta el 2015, se han realizado 24 ‘healing gardens’. Siete específicamente en hospicios que tratan el Alzheimer, cuatro en estructuras psiquiátricas, cinco en hospitales donde se trata específicamente el cáncer, uno para ciegos o discapacitados visuales, dos en estructuras neuro rehabilitativas, uno para pacientes terminales de HIV/AIDS y cuatro para cualquier tipo de patologías, pero principalmente cerca de unidades pediátricas. Las dimensiones y tipologías son diferentes, desde las terrazas de simplemente 20 m2 hasta parques de 7000 m2. En muchos casos, la necesidad de realizar estos jardines nace de la sensibilidad de los mismos médicos responsables.

Este es el caso de las terrazas terapéuticas realizadas en el ‘Dipartimento Oncològico dell ‘Ospedale di Carrara’, donde gracias a los doctores Maurizio Cantore y Andrea Mambrini se crea un grupo de trabajo que en el 2007 realiza dos pequeñas terrazas, cada una de 20 m2. Espacios que con la participación de los pacientes, doctores, técnicos y arquitectos paisajistas se ha tratado no solo de satisfacer las exigencias de los usuarios, sino que ha sido estudiado y los resultados presentados en el 2011.

El objetivo de este estudio era el de verificar los efectos que producían los ‘jardines terapeúticos’ en los pacientes hospitalizados del departamento de oncología, evaluando los parámetros psicológicos, vitales y la cantidad de medicinas relacionados con el estrés. Además se incluye una evaluación económica sobre el gasto farmacéutico debido al uso de ansiolíticos, analgésicos y antieméticos. Como se podrá ver en el siguiente cuadro que presento, se tuvieron grandes ventajas en lo que se refiere el ahorro de medicamentos, bienestar no solo en los pacientes sino una mayor productividad del personal y, en consecuencia, mayor calidad en el servicio.

Aunque todas estas ventajas han ayudado a que el sistema sanitario nacional (en Italia) considerara y viese como positivo la introducción, donde fuese posible, de proyectos de esta naturaleza. Sin embargo, después de un terremoto en la zona de Carrara, por un probable riesgo estructural en las terrazas, parte del proyecto fue reconsiderado y desmantelado. Pero se podría decir que en su totalidad fue un gran éxito, sea en la metodología participativa usada para la protestación, la realización y el uso, como por el método científico empleado para medir el objetivo que se había prefijado.


Fuente : Unife


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